El portal La Izquierda Diario publicó que Florencia fue despedida de un colegio confesional por permitir a sus alumnas debatir sobre la interrupción voluntaria del embarazo.

La repercusión en los medios sobre el caso de Romina Molina, docente despedida del Instituto Santa Teresa de Jesús por defender a su alumna ante su cambio de identidad de género y por usar pañuelo verde, otros casos de persecución y discriminación ideológica en estudiantes y docentes comienzan a ser visibles.

Tal es el caso de Florencia Vega Clavero, docente despedida del Colegio “Tránsito de María” de Villa Cura Brochero el pasado 3 de mayo por permitir el debate sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), a pedido reiterado de sus alumnas.

Audiencia pública

Florencia y Romina son casos testigos de una persecución diaria que viven docentes y estudiantes en los colegios confesionales, los cuales son subsidiados por el Estado.

Ambas docentes convocan junto a la legisladora Laura Vilches del PTS en el Frente de Izquierda a una audiencia pública para discutir medidas inmediatas ante las persecuciones en los colegios confesionales. Se realizará el próximo martes 31 de Julio a las 16.30 hs, en la Sala 1 de la Legislatura de Córdoba (Rivera Indarte 33).

“Que me devuelvan mi vida en las aulas”

A continuación, reproducimos la carta de Florencia donde denuncia el perjuicio causado a su persona y profesionalidad, y exige “que me devuelvan mi vida en las aulas, por mí dignidad como trabajadora de la educación y por mis alumnas que aún hoy lamentan haberme perdido como docente”.

“Quiero contar en estas líneas el dolor que estoy viviendo desde el 3 de mayo, día en el que fui desvinculada de la institución educativa católica en la que me desempeñaba como profesora de historia.

Fue en una jornada de taller, cuando la directora me avisa que el diácono, representante legal de dicha institución, quería hablar conmigo, acontecimiento que nunca ocurrió , porque desde el momento en el que ingrese a la oficina el diácono se mantuvo en silencio e inmediatamente un escribano comenzó a relatarme mi despido, el cual especificaba que se me desvinculaba de dicha institución “sin causa”, nadie me hablo, nadie quiso dialogar conmigo, nadie me explico, nadie tuvo la humanidad ni delicadeza de querer hablar conmigo. Solo me llamaron para que me sentara a escuchar mi despido. Así, sin previo aviso, “la familia de Madre Catalina” como se nos decía, me expulsaba de mi rol docente dejándome en la calle, sin mi trabajo, sin las únicas horas que tenía, 16 horas titulares, la fuente de trabajo que dignificaba mi vida, para lo que me había preparado en los años de estudio y para lo que me sigo perfeccionando hoy en día ya finalizando la Lic. en Educación.
Relato esta carta, para poder dar mi versión de los hechos, ya que vivo en un pueblo pequeño y salieron a decirse muchas cosas sobre mi persona y sobre mi profesionalidad que dañaron y siguen dañando mi imagen y no solo la mía, sino que ha lastimado a toda una familia.

Yo no fui con un pañuelo verde al colegio, yo no fui a hablar del aborto en las clases, yo no fui en plan de confrontar contra lo instituido en dicha institución, ya que el primer día que retornamos a trabajar en febrero de este año, se nos advirtió que “No podíamos hablar de la legalización del aborto, porque la iglesia tenía una postura inamovible” palabras textuales de la directora.

Lo que sucedió fue que en numerosas ocasiones las estudiantes, manifestaron querer hablar sobre lo que se estaba debatiendo a nivel nacional, y en contra de mi profesionalidad, manifesté que no se podía hablar de eso, a lo cual las estudiantes, se mostraban disconformes y saltaban cuestionamientos como ¿y la democracia profe? ¿Eso no es censura? Interrogantes a los cuales no me quedaba otra que hacerme la que no escuchaba y seguir con la clase.

Hasta que un día no pude más seguirles negando el derecho a expresarse, a hablar, a debatir, a manifestarse, especialmente, porque en las clases de historia siempre analizábamos el pasado ligado a la realidad que nos acontece, clases en donde todos tenían su espacio para expresarse.

Lo que ocurrió fue que unas semanas antes de que me despidan ingreso a un aula y una estudiante me pregunta si me puede hacer una pregunta personal y al notarla algo angustiada le digo que sí, ella me pregunta qué opinaba sobre la legalización del aborto, y vuelvo a responderle, que no se podía hablar de eso, ahí mismo esta estudiante, se enardece y me dice:

 

  •  Y entonces ¿Por qué nos mandaron a hacer una investigación sobre el aborto? A continuación me muestra su trabajo, el cual tenía una serie de consignas referidas a los valores y estos mismos valores referidos a la legalización del aborto, la angustia de esta estudiante era porque su investigación avalaba la legalización y al parecer había sido desacreditado en la clase anterior. Fue ahí cuando ante la queja generalizada de los estudiantes se abrió el debate y los que habían sido callados directa o indirectamente, expresaron las ideas que eran pertinentes al tratado de una ley y no a una cuestión religiosa ni de valores.Se dejó en claro que el debate de la ley no era “Aborto Si o Aborto No”. Estaba más que claro en el análisis de estas estudiantes que el aborto no era lo cuestionado, sino que se discutía si seguía siendo una práctica clandestina o pasaba a ser legal y con ello el Estado dejaría de mirar para el costado ante una problemática existente en la sociedad que se lleva la vida de las mujeres más pobres. Estas estudiantes tenían bien en claro que los abortos son una realidad clandestina de todas las clases sociales y que por falta de recursos las que perdían sus vidas eran las más pobres, razón por la cual esta problemática de salud necesitaba la injerencia del Estado para que este mire a esa parte de su nación que con valores religiosos o no, estaba siendo condenada a morir de la manera más triste y miserable, las mujeres en la clandestinidad se ven solas en su desesperación y sin ningun tipo de contencion psicológica, algo que si tendrían si pudieran acudir a un centro de salud. Incluso uno de los varones cuestionó “¿por qué no tenemos educación sexual?” Quise cortar el debate más de una vez porque me di cuenta que me traería problemas, incluso les compartí mi miedo, a lo que las estudiantes me sostuvieron ante mi miedo. Ese día salí con la piel de gallina porque esas chicas habían defendido con toda la altura que la circunstancia ameritaba, su pensamiento. Luego en otra clase con un 5to año sucedió algo parecido cuando hablamos del centenario de la Reforma Universitaria y cuando estaba explicando la libertad de cátedra, una estudiante me interrumpe y dice:
  •  Como acá profe, donde no se puede hablar sobre la ley del aborto. Y ahí empezó de nuevo el debate donde de nuevo se dieron los argumentos a favor como así también los en contra. Todxs pudieron expresarse.Estamos en el Siglo XXI, lxs estudiantes no se callan, lxs estudiantes te interpelan, lxs estudiantes se interesan, necesitan hablar, necesitan ser escuchadxs y no iba a ser yo la docente que los callara, que los censurara, que les mintiera en la cara, no estudie para eso. Entiendo que para la institución mi pensamiento y el de tantas estudiantes no encajara con el suyo, pero tampoco encaja en su lógica de “familia” expulsarnos, demonizarnos, violentarnos como hicieron conmigo ya que luego de echarme y con la intención de dejarme sola en la institución ya que la directora se encargó de hacer salir antes a todo el cuerpo docente, sino hubiera sido por un par de profesoras que se volvieron al escuchar mi llanto y me sostuvieron durante los más de 40 minutos que demore en poder volver a ponerme de pie debido a una crisis de nervios.

    Yo no fui a confrontar, yo solo fui fiel a mi profesión, tampoco me reí de la Biblia como se dijo, solo ante la pregunta de otra estudiante que con Biblia en mano me pregunto si era verdad que la homosexualidad era una enfermedad y un pecado, contesté como lo había hecho Francisco, cuando dijo que él no era nadie para juzgarlos. Y a continuación abrí la biblia y les mostré otra cita del antiguo testamento donde se avalaba la esclavitud y otra en donde se le prohibía hablar a la mujer sin autorización del esposo, a todos nos causó gracia y se entendió la diferencia de contextos.

    Confieso entonces en estas líneas, que deje que lxs estudiantes se expresaran, que avale las investigaciones en donde se visibilizaba que la legalización no era una cuestión de valores, sino de salud pública ante una realidad que se está llevando la vida de las más vulnerables. Confieso que use citas bíblicas del antiguo testamento, absurdas para estos tiempos, para descomprimir un ambiente en donde quien tuviera una identidad de género distinta no se fuera de mi clase sintiéndose ni un enfermo, ni un pecador.

    Confieso y no me arrepiento porque prefiero hoy y toda mi vida ser leal a mis convicciones fundadas en el amor por un mundo más justo y no a los intereses de una institución. Prefiero serle fiel a mi carrera docente que me pide deberme a los estudiantes, deberme al análisis de una realidad que cada vez es más dura y cruel, que cada vez pide más a gritos que esto cambie. Una educación que transforme todo este sistema cimentado en el beneficio de unos pocos.

    Por eso en mis clases fueron, son y van a ser siempre los gritos de esos que no tienen voz, de esos a los que el sistema invisibiliza, el grito de los oprimidos, los gritos de los que día a día sufren las desigualdades de este sistema capitalista que no incluye, sino que por el contrario margina y criminaliza cada día más y más a los que menos tienen.

    Denuncio la persecución de una iglesia que monopoliza el amor, proclama la tolerancia, pero que sigue excluyendo, demonizando y avasallando los derechos más básicos como la libertad de pensamiento.

    Denuncio el perjuicio causado a mi persona y a mi profesionalidad. Y exijo que me devuelvan mi vida en las aulas, por mí dignidad como trabajadora de la educación y por mis estudiantes que aún hoy lamentan haberme perdido como docente”.

    Florencia.